
Este post se lo dedico a mis enemigos que han intentando acabar con mi temple y voluntad para expresar mis ideas a todo pulmón. Hoy, luego de otro atentado, escribo a los miles de feligreses de mi querida Iglesia del Libre Albedrío (ILA):
¿Creían que me iba a poner sentimental por haber sufrido dos asaltos en menos de seis meses? ¡Mámenlo!
¿Creían que me iba a callar por haber estado preso injustamente? ¡Mámenlo en cruz!
¿Pensaron que perdería las fuerzas por presentarme cada 15 días ante un tribunal como si fuera un antisocial durante un puto año? ¡Mámenlo al cuadrado!
¿Consideraron que la volcada en la Vitara me iba a dejar volcado? ¡Mámenlo al cubo!
¿Les pasó por la cabeza que me iba a desmoralizar por las arremetidas constantes de una suegra que me odiaba incoherentemente? ¡Mamameste!
En realidad me han pasado más eventos absurdos y no tan divertidos que me incomoda recordar en este momento y me da extrema ladilla alimentar su tripa chismosa, punto. Sólo Dios basta.
¡Oh sí! Me he convertido en un vil monstruo sin piedad ni sentimientos. ¡Gran vaina!... ¿Alguna queja? ¡Mámenlo a la enésima potencia!
Yo, como líder carismático que soy, decidí compartir con los menos privilegiados mi historia de vida. Próximamente publicaré mi autobiografía cuyo título lo someteré a una encuesta pública desde el día de hoy. Chao.




