El
encendido del la Cruz del Ávila anunció la llegada de la navidad caraqueña. Ahora, como era de esperarse, el símbolo brilla gracias a los muy efectivos bombillos bolivarianos. Acepto que me agrada la crucecita vestida de luces blancas,
los simios a veces hacen cosas bonitas, a veces…
Hablando de otras cosas, ayer, en una reunión familiar en casa de una de mis múltiples tías,
se me acercó uno de mis sobrinitos a preguntarme por mi esposa. Yo, sorprendido por el interrogatorio, le contesté que estaba soltero y sin compromiso. Ignacio, el niño en cuestión, seguía insistiendo en mi estado civil y continuó indagando al respecto
– Tío Luis, ¿cuándo te vas a casar? – No pude evitar soltar una carcajada y le respondí lo primero que se me vino a la cabeza –
¡No sé Ignacio, en cinco años! - Diego, el gemelo de Ignacio, no aguantó la tentación de unirse a la discusión
- ¿Cinco años? ¡Mejor en tres años! – Mis ojos se sobresaltaron y justo cuando iba a abrir la boca para salvaguardar mi derecho a la soltería, Alfonso, de ocho años y hermano mayor de los gemelos, salió en mi defensa y exclamó con fuerte voz -
¿Tres años? ¡Eso es muy poco! ¡Mejor cásate en tres años y medio! - ¡Sin comentarios!
Después de creer haberme escapado del predicamento, me senté a observar como los tres muchachitos y Valentina, otra sobrinita, estaban jugando
Wii mientras tenían unas incomprensibles conversaciones filosóficas. En eso, para la desgracia de mi intermitente lumbalgia, Ignacio se abalanza contra mi humanidad y, abrazándome y mirándome fijamente a los ojos, me volvió a interpelar -
¡Tío! ¿Qué pasó con tu esposa? ¿Acaso se te murió? – ¡Ya me mataron a la mujer! ¡Bien bueno pues!
Para finalizar, estoy pensando en tomarme unas vacaciones en el lugar menos navideño posible,
este consumismo me tiene enfermo. He considerado meterme a prestamista porque
estoy convencido que seré la única persona entre mis conocidos que tendrá dinero en el mes de enero. ¡Me haré rico a costa de su compradera compulsiva!
Nos volveremos a ver en estos días, si es que el exceso de alcohol y buena comida lo permite. Por los momentos
voy a comprarle un hermoso obsequio a mi amada esposa. Ustedes saben, antes que a mis sobrinos se les ocurra matarla sin razón alguna…