jueves, 18 de febrero de 2010

Confesiones de un empleado trabajando desde casa…

 

Desde hace unos meses, todos los sábados por la mañana tocan el intercomunicador de mi casa una pareja de Testigos de Jehová a entregarme unas revistas y yo, con el terrible defecto de no poder decir que no en estos casos religiosos, independientemente de su credo, hago mi papel de diablo y recibo con “gusto” las dos o tres publicaciones. Asumo que jamás he leído ninguno de estos folletitos, aunque afortunadamente mi señora madre se deleita con ese tipo de lecturas y gracias a ello los señores no pierden su viaje. ¡Qué considerado soy!


Esto de la religión es algo delicado, es más, procuro no tocar el tema para evitar discusiones dogmáticas sin ningún sentido. Sin embargo, respeto y admiro a todos aquellos que viven su fe, o la falta de ella, con toda libertad y sin ningún tipo de recato.  Yo, en lo particular, sigo promoviendo con todas mis fuerzas a mi siempre correcta Iglesia del Libre Albedrío (ILA) y seguiré con la política de mantener mis verdaderas inclinaciones religiosas en secreto, es lo mejor…

Hablando de otros asuntos, muchos se habrán enterado por la página de Facebook de Crónicas de un escritor acontecido que llevo tres semanas trabajando desde casa. ¡Teletrabajo! El sueño de muchos y la más terrible pesadilla de la gente psicópata como yo, alegría para los flojos y presión para los responsables. ¿Será posible sobrevivir a semejante castigo?

Mis padres no terminan de comprender que no estoy de vacaciones, las paredes de mi cuarto me quedan pequeñas, he intentado inventarme compañeros imaginarios, sueño todas las noches con la nueva oficina, no tengo la más mínima idea de qué día ni qué hora es, me pongo el carnet del trabajo para sentirme responsable, es inevitable contestar “Universia, buenos días” cuando llaman por teléfono, mis ganas de matar gente han regresado misteriosamente… ¿Qué puedo hacer? ¿Quién podrá ayudarme?

Gracias a Dios, y a la tecnología, justo cuando consideré volver a consultarme con  aquel viejo psicólogo  recordé que a través de Skype podía tener cierto contacto con mis amantísimos amigos de Universia y desde entonces, para mi fortuna, mis jornadas de teletrabajo no han sido tan solitarias…

Por cierto, para drenar mi alto nivel de estrés decidí salir a dar vueltas en el carro con tres amigos de toda la vida a lanzar bombas de agua para celebrar la octavita de carnaval… Ya les contaré cómo nos fue. ¿Quién dijo sequía?

4 comentarios:

Amo el nuevo diseño de tu blog :)

Verdecita: muchísimas gracias :) Nos estamos leyendo!

Soy Católica, apostólica y romana (aunque nada fundamentalista y poco practicante) pero en mi fuero secreto muy interno... también apoyo tu ILA.
Igual, me da "cosita" hacer un desplante a estas personas, aunque he desarrollado el arte de "sonríe cortés, di gracias y sigue tu camino"...

¿qué ha sido de tus jornadas?, ciertamente, la responsabilidad autoimpuesta es lo peor...

ILA crece! Viva ILA! ¿Mis jornadas? Espero que ya el martes a más tardar ya esté plenamente instalado en la oficina... :)