Desde niño he tenido una extraña fijación por las palabras extrañas, en especial por los apellidos poco comunes. Recuerdo, cuando tenía 2 o 3 años, que el plomero que nos hacía los trabajos en la casa se llamaba Giuseppe Lacalamita. No tengo la más mínima idea del motivo exacto, pero me parecía divertidísimo el nombre del tipo, tanto así, que no aguanté la tentación de versionar su pintoresco sustantivo y bautizar al amigo como Bistec a la Calamita. ¡Buenos días, señor Bistec!
Por esas mismas fechas, mi papá tenía la costumbre de apostar en el hipódromo y solía buscarlo un tal Ricardo García Vizcaíno, nombre muy sonoro digno de un hidalgo. Cuando mi progenitor lo presentó en la familia, mis hermanas y yo, siempre educados, con una inmensa sonrisa exclamamos a coro: ¡buenas tardes, señor caballo!
Cerca de la casa de mi fallecida abuela vivía un viejo alemán, bien raro por cierto, que cada vez que se la conseguía la saludaba con un grato guten morgen. Doña Sofía, llanera de pura sepa que no tenía razón para comprender la lengua teutónica, le contestaba gentilmente: ¡buen día, señor Morguen! La vaina es de familia…
Pues sí, tengo miles y miles de ejemplos de situaciones similares. Recuerdo con cariño a Tomás Aguilarte, un carpintero que nos hizo algunos trabajos, mejor conocido como señor alicate; al señor Jerónimo, el dueño de un kiosco por San Luis, bautizado como señor periódico; y al señor manejo que mi mamá contrató para que le tramitará la licencia de conducir hace ya tanto tiempo…
Para finalizar, después de indagar en mi memoria, ahora comprendo porqué la gran mayoría de mis novias, arrejuntes y afines han tenido nombres compuestos y sonoros y apellidos un tanto rebuscados. ¿Quién sabe?
Por esas mismas fechas, mi papá tenía la costumbre de apostar en el hipódromo y solía buscarlo un tal Ricardo García Vizcaíno, nombre muy sonoro digno de un hidalgo. Cuando mi progenitor lo presentó en la familia, mis hermanas y yo, siempre educados, con una inmensa sonrisa exclamamos a coro: ¡buenas tardes, señor caballo!
Cerca de la casa de mi fallecida abuela vivía un viejo alemán, bien raro por cierto, que cada vez que se la conseguía la saludaba con un grato guten morgen. Doña Sofía, llanera de pura sepa que no tenía razón para comprender la lengua teutónica, le contestaba gentilmente: ¡buen día, señor Morguen! La vaina es de familia…
Pues sí, tengo miles y miles de ejemplos de situaciones similares. Recuerdo con cariño a Tomás Aguilarte, un carpintero que nos hizo algunos trabajos, mejor conocido como señor alicate; al señor Jerónimo, el dueño de un kiosco por San Luis, bautizado como señor periódico; y al señor manejo que mi mamá contrató para que le tramitará la licencia de conducir hace ya tanto tiempo…
Para finalizar, después de indagar en mi memoria, ahora comprendo porqué la gran mayoría de mis novias, arrejuntes y afines han tenido nombres compuestos y sonoros y apellidos un tanto rebuscados. ¿Quién sabe?
3 comentarios:
jajaja.... Con todo respeto.... Estás loco...
Me sigue impresionando tu gran memoria... ¿recordar el nombre y apellido de alguien que viste a los tres años? yo dificilmente recuerdo sucesos de hace unos meses... nombres ni se diga y menos apellidos pero... cada loco con su tema... supongo que tendrá que ver con su "impacto" en tu persona.
Ahhhmmmm... iba a hacerlo pero me da miedito saber cómo llamas a tu Urólogo (o Proctólogo)???
Jejeje... como siempre ¡te felicito!
Nos leemos...
Terepa: mi memoria es uno de mis peores castigos... Recuerdo con detalles absolutamente todo: palabras, gestos y afines... A veces es una desgracia. Con respecto a mi urólogo, pues, no voy a ese tipo de especialista, cuando tenga 40 me preocuparé por eso...
¡Muchísimas gracias por leerme!
...
En ese caso, y aunque no suena tan mal... deberias leer esto:
http://noticiasinteresantes.blogcindario.com/2008/08/01258-hipermnesia-o-la-enfermedad-de-recordar-todo-lo-que-has-hecho-cada-instante-de-tu-vida.html
Como siempre
¡Nos leemos!
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