martes 26 de octubre de 2010

¡Cupido eres un guebón!


Los que han tenido la desdicha de leerme durante estos dos años y dele deben haberse percatado de mi naturaleza asquerosamente contradictoria. ¡No tienen que ser demasiado inteligentes para haberse dado cuenta! Disfruto en demasía cambiar de parecer, de pensar siempre igual mi vida sería muy monótona y moriría del aburrimiento…

Alguna vez escuché por ahí que sólo los estúpidos no cambian, creo que es una frase del célebre Wiston Churchill. Me imagino que si un tipo tan chévere y brillante como Churchill pensaba parecido a mí no debo estar tan equivocado en la vida después de todo, creo.

Esto de citar a personalidades históricas siempre me ha parecido divertido. La gente siempre lo hace para tirárselas de erudita y de importante. ¡Juguemos a burlarnos del falso intelectual!

¡Hablemos con palabrotas para pantallar! Yo, que trabajo en la Web desde hace unos años, he desarrollado cierta predilección por el término infoxicación: sobresaturación de información, ruido-interferencia y afines que puede causar malestar en el usuario. ¡Suena tan técnica la vaina! Cada vez que utilizo esta palabra los presentes me miran con admiración y piensan en voz alta: ¡este carajo es todo un especialista! Cuestiones de vanidad 2.0…

En fin, ya es evidente que estoy haciendo lo posible y lo imposible para evitar entrar en el tema central de esta entrada, asumo mi timidez exacerbada y pido disculpas por ello. Supongo que el detalle, o el problema, está en que desde hace bastante tiempo no me interesaba en serio una persona y es probable que haya perdido algún tipo de práctica y/o maestría en el asunto. ¿Dónde quedaron mis estudios en Letras? La labia y tal… 

Amor, locura y… ¿Muerte?
Justo cuando mi campaña en pro de la soltería estaba en pleno apogeo, y mi vida estaba tan estable, tan próspera y tan tranquila que mi humanidad estaba a punto de colapsar del fastidio, la conocí por una burla del destino. ¡Me da tanta arrechera cuando se burlan en mi cara! ¡Maldición!

¡La coño de su madre es bella! ¡Particularmente bella! Y no tengo problema en confesar que bastaron menos de dos minutos para quedarme enganchado con el color de sus ojos y su forma de pestañar. Sin embargo, sería la más grande de las tonterías pecar por trillado y falto de imaginación: ¿cuántas personas le habrán dicho que tiene los ojos hermosos? ¿100? ¿Quizás 200?... ¡Carajo! ¡Odio la cursilería con todas mis fuerzas!

Estoy realmente preocupado por la cara de bolsa que puedo llegar a poner cuando la veo. ¡Oh sí! Juro por Dios y toda su comitiva que no suelo ser tan idiota, parco e indiferente…

¿Qué está pasando Señor Dios Rey Celestial?, ¿dónde quedó mi capacidad de generar palabras por doquier?, ¿será que esta mujer me ha condenado a la idiotez por un buen tiempo?, ¿llegó la hora de ponerse serio y hacer feliz a mi madre y a mi difunta abuela? ¡Ay papá!

Pues sí Cupido, ¡eres un grandísimo guebón! Al menos avísame cuando te vas a poner creativo con tus flechas mariconas para prepararme psicológicamente y poner cartas en el asunto. ¡Sé serio pana! Yo no puedo andar de imbécil transitorio mientras tú te cagas de la risa por mi torpeza digna de película de guión barato.  

¡Al carajo los enfermos! Prefiero no complicarme por esta tontería y más aún sabiendo que la causante de este predicamento es una mujer que vale la pena. Ya les contaré…

2 comentarios:

¡Hermoso! Te extraño aunque no te lo diga...

Estimado Anónimo: no puedo decir que también te extraño porque no tengo la más mínima idea de quién demonios eres. Por tu manera de escribir supongo que eres mujer, eso espero. Entonces, si me conoces en serio y además dices extrañarme, pues debes de tener mis dos números celulares o al menos mi PIN, seguro tienes BB no seas engañada. En fin, a pesar de tu anonimato, gracias por leerme. ¡Sí va!