Un grupo de no tan señoritas de moral distraída se dedicaban a visitar ancianatos de caballeros de la alta sociedad. ¿El motivo? ¡Muy sencillo! Las mujercitas les regalaban 20 minutos de conversación a los señores buscando que terminaran por dejarles al menos parte de su herencia. Unas eran más descaradas, se dejaban sobar y afines para que el pobre corazón de los viejitos se acelerara y se detuviera de una vez por todas. ¡Así es Venezuela!
¿Qué está pasando con el blog? ¿Sigo muerto y de parranda? ¿Me quedé mal pegado en Perú o en la República Oriental del Uruguay? ¡Nada de eso! Simplemente mis nuevas atribuciones no me permiten actualizar frecuentemente esta bitácora de vida, es complicado buscar tiempo libre para estas nimiedades. Confieso que extraño compartir con ustedes las anécdotas sobre lo absurdo de mi existencia. ¡Qué mariconería tan arrecha!
Hasta hace un poco menos de un mes tuve una rebeldía postadolescente y estuve plenamente convencido que lo correcto era dejarme el cabello largo. De pronto, y sin motivo alguno, entré en razón y decidí cortármelo yo mismo porque me pareció una falta de respeto pagarle 70 bolívares a un extraño por cometer un genocidio para con mi sueño de convertirme en una suerte de Bisbal sudaca.
Todo iba perfecto, demasiado perfecto… Hasta que se me ocurrió la brillante idea de pedirle el favor a mi papá de que le diera forma a la gran obra maestra capilar y me trasquiló de una forma asquerosamente bárbara y salvaje. ¡Mis gritos se escucharon por todo el valle de Caracas! Mi pobre viejo no sabía qué hacer y se limitó a servirme un jodido trago de ron con Coca Cola… ¿Quién demonios me dijo a mí que un PhD en Ciencias Sociales serviría como barbero?
En fin, luego de recibir las más viles burlas de amigos, familiares y compañeros de trabajo, decidí quedarme sin un pelo de tonto y lucir una flamante calva… Para mi sorpresa, mi look fue todo un éxito y fue bien recibido por mis múltiples fanáticas, cosa que me tranquiliza porque en el caso de que la herencia haga de las suyas, y me quede tan pelón como mi señor padre, pues cortarme al rape también será una opción…

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