Cuando alguien ajeno a la oficina me pregunta qué hago exactamente o cuál es mi profesión no entienden del todo mi respuesta. Al principio era frustrante la vaina, perdía el tiempo explicando con gráficos, muy detallados y sistematizados, la forma cómo me gano la vida. Inclusive mis amigos más cercanos no comprenden muy bien mis actividades y suelen compararme con Chandler el de Friends. ¡Qué amigos me gasto!
En realidad no me importa ni un comino la ignorancia de esta gente, el detalle está en que gano mucho dinero y de forma asquerosamente lícita. ¡Ay Dios! ¡Mi exceso de humildad me da asco!
Hablando en cristiano, y ya fuera de joda, soy eso que por ahí llaman Administrador de Redes Sociales, es decir, me pagan por estar todo el jodido día en Facebook y en Twitter. ¿No es una maravilla mi trabajo? ¿No soñarían con navegar todo el puto día en Internet sin que algún directivo retardatario los regañe? Repito: ¡me pagan por estar en Internet! ¡Muéranse de la envidia! ¡Carajo!
Sin embargo, más allá de que se requiera ser un verdadero adicto a la Web 2.0 para ser un Social Media Manager con todas las de la ley, jamás en la vida se me ha ocurrido frecuentar esas reuniones de twitteros y afines. Una vez fui de incógnito, y de chismoso, y me sorprendí como toda esa gente completamente desconocida se abrazaba, se tocaba, se agarraban de las manos y, lo peor del caso, ¡hasta se quería! No aguanté más de 15 minutos en el recinto y me marché sorprendido de este fenómeno social.
Ahora bien, más allá de no compartir la idea de fusionar el mundo real y el digital, me parece excelente que las personas se toquen y se quieran. Siempre he considerado que el Internet es una herramienta perfecta para que los tímidos, los extraños y los sociópatas se integren, de una forma u otra, al resto de la civilización.
Pero como el pez muere por la boca, debo confesarles uno de mis más grandes secretos: desde hace unos cuantos meses, muchos meses, he estado hablando muy seguido, por no decir a diario, con una perfecta anónima que conocí a través de las redes sociales. Bueno, tampoco es tan desconocida, es amiga de una amiga que es la prima de la innombrable. ¡Sencillo!
Pues sí, la agregué simplemente porque me parecieron interesantes las babosadas que publica en su timeline y ahora la tengo de contacto en Facebook, en el BlackBerry Messenger, en MSN Messenger, en Skype y hasta tengo su jodido número de teléfono. ¿Qué diablos estoy haciendo? ¿Y si esta misteriosa mujer, ni tan fea por cierto, es una psicópata empedernida que acabara con mi vida? ¿Quedaré solo y sin amigos por culpa de ella? ¿Será que mis días están contados?... ¡Ya va! ¿Y si el psicópata soy yo? ¡Esto es muy complicado!
Es increíble como esta suerte de relación se ha convertido en la más estable y duradera que he tenido durante este agonizante 2010. Es más, y este es el momento en que tres o cuatro me nombran la madre con toda razón, con esta muchacha he hablado mucho más que con las últimas mujeres con las que he salido. ¡Así serían de divertidas y conversadoras las implicadas!
Quizás un día de estos le salga con que la amo y ese tipo de cosas, me aparezca en su pueblo montañoso con un ramo gigantesco o consiga el número de sus padres para pedirle la mano digital de mi no tan nuevo amor secreto. ¡Qué maravilla debe ser tener unos suegros virtuales!
En fin, ya estoy hablando con mis abogados para que me asesoren con respecto a esta peculiar circunstancia. No sé si la legislación venezolana, o de cualquier otro país, permita los matrimonios a través de la Web 2.0. Al menos nos ahorraríamos el dinero de la ceremonia, creo. ¿Se llevará bien con mi mamá? ¿Le doy su correo electrónico?
Hablando en cristiano, y ya fuera de joda, soy eso que por ahí llaman Administrador de Redes Sociales, es decir, me pagan por estar todo el jodido día en Facebook y en Twitter. ¿No es una maravilla mi trabajo? ¿No soñarían con navegar todo el puto día en Internet sin que algún directivo retardatario los regañe? Repito: ¡me pagan por estar en Internet! ¡Muéranse de la envidia! ¡Carajo!
Sin embargo, más allá de que se requiera ser un verdadero adicto a la Web 2.0 para ser un Social Media Manager con todas las de la ley, jamás en la vida se me ha ocurrido frecuentar esas reuniones de twitteros y afines. Una vez fui de incógnito, y de chismoso, y me sorprendí como toda esa gente completamente desconocida se abrazaba, se tocaba, se agarraban de las manos y, lo peor del caso, ¡hasta se quería! No aguanté más de 15 minutos en el recinto y me marché sorprendido de este fenómeno social.
Ahora bien, más allá de no compartir la idea de fusionar el mundo real y el digital, me parece excelente que las personas se toquen y se quieran. Siempre he considerado que el Internet es una herramienta perfecta para que los tímidos, los extraños y los sociópatas se integren, de una forma u otra, al resto de la civilización.
Pero como el pez muere por la boca, debo confesarles uno de mis más grandes secretos: desde hace unos cuantos meses, muchos meses, he estado hablando muy seguido, por no decir a diario, con una perfecta anónima que conocí a través de las redes sociales. Bueno, tampoco es tan desconocida, es amiga de una amiga que es la prima de la innombrable. ¡Sencillo!
Pues sí, la agregué simplemente porque me parecieron interesantes las babosadas que publica en su timeline y ahora la tengo de contacto en Facebook, en el BlackBerry Messenger, en MSN Messenger, en Skype y hasta tengo su jodido número de teléfono. ¿Qué diablos estoy haciendo? ¿Y si esta misteriosa mujer, ni tan fea por cierto, es una psicópata empedernida que acabara con mi vida? ¿Quedaré solo y sin amigos por culpa de ella? ¿Será que mis días están contados?... ¡Ya va! ¿Y si el psicópata soy yo? ¡Esto es muy complicado!
Es increíble como esta suerte de relación se ha convertido en la más estable y duradera que he tenido durante este agonizante 2010. Es más, y este es el momento en que tres o cuatro me nombran la madre con toda razón, con esta muchacha he hablado mucho más que con las últimas mujeres con las que he salido. ¡Así serían de divertidas y conversadoras las implicadas!
Quizás un día de estos le salga con que la amo y ese tipo de cosas, me aparezca en su pueblo montañoso con un ramo gigantesco o consiga el número de sus padres para pedirle la mano digital de mi no tan nuevo amor secreto. ¡Qué maravilla debe ser tener unos suegros virtuales!
En fin, ya estoy hablando con mis abogados para que me asesoren con respecto a esta peculiar circunstancia. No sé si la legislación venezolana, o de cualquier otro país, permita los matrimonios a través de la Web 2.0. Al menos nos ahorraríamos el dinero de la ceremonia, creo. ¿Se llevará bien con mi mamá? ¿Le doy su correo electrónico?

4 comentarios:
...
Me da un grado de "envidia" lo de internet, pero para mí jamás ha sido algo de vida ó muerte. Y pienso que hasta lo que más nos gusta termina cansando si lo comemos, vestimos, hacemos, etc., todos los días... pero dicen que si amas tu empleo no tendrás que trabajar ningún día de tu vida.
Esta bien, CANCELADO el abrazo y el beso (¿ardiente?) que había planeado darte cuando finalmente te conociera!!! XD
Cuídate mucho.
Ah... y dícelo.... ¿qué es lo peor que puede pasar? (Díos obra de maneras misteriosas).
¡Nos leemos!
Terepa: gracias por tus siempre pertinentes comentarios. Pues sí, amo mi trabajo, por eso no me molestar quedarme hasta tarde de vez en cuando y afines... Por cierto, una pregunta, ¿decirle qué a quién?... ¿A mi amor 2.0, a la innombrable, a mi enemiga? Je ne sais pas...
Bueno, le explico mi querido y admirado señor: soy total ignorante de la lengua francesa. Mis escasos conocimientos se limitan a "voulez vous coucher avec moi" de Lady Marmalade, French Lady de King Changó, La Ley (Deuxieme fois), uno que otro coro de Manu Chao, los seven seconds de Neneh Cherry, el inmortal "Tisha" de Homero a Morticia y la infaltable película "Le fabuleux destin d´Amelie Poulain", entre otras del cine francés que suelen ser excelentes, pero igual que Bart en un episodio de las primeras temporadas, no me sirven para aprender nada de la lengua, (recuerdo que vi hace años una película clase D en la cual las mujeres se inmolaban con gasolina por el protagonista, que ni se molestaba en verlas, él a su vez se acostaba con su hermana y hacía orgías en la casa... jejeje...si sabes cual es, dime el nombre, me gustaría volverla a ver).
en fin, gracias a San "Google" descubrí que "Je ne sais pas..." es algo como "no sé por qué ó para qué? (tú debiste disfrutar el monólogo del Merovingio en Matrix ¿cierto?)
Bueno, aclarada mi incapacidad idiomática (envidia cochina, en inglés si me defiendo) te digo: Me quedó la duda de si hablas de 3 personas distintas o de una nada más.
Si es una sola que hace las veces de amor 2.0, innombrable y enemiga... y es la misma protagonista de siempre, pues... no tienes remedio, reza a tu santo favorito y acepta tu triste destino. Si es una misma, pero distinta a tu amor eterno, ¡arriésgate! lo peor que puede pasar es un silencio incómodo, pero te sacas la duda.
Ahora, si son distintas, ¡hombre, decidete! amor 2.0 suena a estado ideal, área segura. Innombrable suena a pasado....aun por superar... y enemiga: bueno, del odio al amor...
En fin, ahora recuerdo que no debemos buscar veracidad en tus crónicas... así que...
¿Me supe explicar?
XD
Cuídate
¡Nos leemos!
Terepa: ella, o ellas, lo saben... Al menos gran parte. ¡Amo el misterio!
Publicar un comentario en la entrada