domingo 19 de diciembre de 2010

El día en que Luisme fue para el lugar de las chicas malas

No malinterpreten el título de la entrada antes de terminar de leerla. No diré nombres propios y modificaré los hechos a voluntad para no herir susceptibilidades. Quizás Benedicto XVI y el Sacro Colegio Cardenalicio me expulsen de su anacrónica institución por esta terrible falta a la moral y las buenas costumbres. Pues sí, su servidor y un grupo de amigos cercanos, como jóvenes ejecutivos que somos, contra todo pronóstico, fuimos a uno de estos sitios muy exclusivos donde mujeres de la “vida alegre” bailan como Dios las trajo al mundo y prestan sus servicios como expertas en el arte del amor. ¡Ya no soy la esperanza de la humanidad! ¡Pero ya va! Déjenme que les eche bien el cuento…



El sábado a golpe de medianoche, luego de llegar de cenar con mi querida María Victoria, me disponía a acostarme a dormir como buen anciano que soy. ¡El cansancio acumulado es una vaina muy arrecha! En eso, como si se tratase de una llamada del mismísimo demonio, un fulano me llamó para proponerme celebrar su cumpleaños en un selecto club de mujeres de moral distraída. Al principio no estaba muy convencido, confieso que jamás había ido a uno de esos locales, pero debido al altísimo poder de convencimiento del colega no me quedó de otra que aceptar. En fin, me vestí como gente decente y saqué el efectivo máximo que estaba dispuesto a gastar en esas banalidades. ¡No más de 1000!

Asumo mi incomodidad al entrar al sitio, estaba tan nervioso como la primera vez que compré un preservativo. Nos sentamos en una mesa y pedimos un muy costoso servicio. ¡Ya el mal estaba hecho! Pero, ¿quién dijo miedo? Con tal, yo, al menos yo, sólo tenía pensado pasar un rato conversando con mis amigos mientras veíamos el espectáculo. Todo iba perfecto, después del tercer whisky y de dos shows protagonizado por féminas que no tenían nada que envidiarle a muchas participantes del Miss Venezuela, la incomodidad inicial se fue al caño. 

Sin embargo, como la noche tenía que ser un tanto más acontecida, me sentí de nuevo un quinceañero cuando una de estas chicas se me sentó en las piernas sin ningún tipo de anestesia. ¡Ay papá! ¿Qué me habría dicho mi tía Eulalia? ¿Cómo quitarse esa mujer de encima sin morir en el intento? Jugué a ser sincero y piqué adelante diciéndole: ¡no te voy a brindar más de dos tragos! ¡No voy pendiente de aquello! La señorita me contestó con voz sugerente: ¡me encantan los hombres sinceros! ¿Acaso tienes novia?... - ¿Debería? -  Le respondí intentando ser simpático. Lo único interesante del asunto es que se activó mi vena periodística y logré sacar información valiosa entrevistando muy sutilmente a las damas que intentaban, inútilmente gracias a la Providencia, seducirnos hasta dejarnos en bancarrota.

Datos de interés


  • En un mes malo, la menos agraciada puede ganarse hasta 20 mil bolívares. La más bonita del grupo gana un promedio de 60 mil. ¡No me quiero imaginar cuántos son los ingresos de las que bailan en los tubos!
  • Tienen prohibido mostrar algo mientras conversan con los clientes. Si la madame o el sistema de cámaras las descubren, tienen que pagar una multa de 1000 Bs.
  • ¿Se puso creativo? ¿Quiere verle al menos las pechugas a la muchacha? La única manera es pagando un baile privado.
  • La dancita cuesta 150 pero es obligatorio pagar al menos 3. ¡Especuladores!
  • Algunas cobran por polvo y otras por hora. La negociación es entre la pana y el cliente. El costo del servicio es de 800 Bs. como mínimo. Obviamente, hay que pagar la habitación que cuesta 400 y dele. ¿Es correcto pagar un salario mínimo por sexo? ¡Qué asco!  
  • Las prostitutas tienen que pagarse el peinado, el maquillaje y el taxi.
  • Como era de esperarse, no es posible utilizar cámaras, celulares y cualquier cosa que pueda dejar registro audiovisual. 
  • ¡No les permiten intercambiar números de teléfonos!

Salimos de ahí casi a las 6 de las mañana. Las muchachas tuvieron la absurda ilusión de que las íbamos a llevar a comer arepas. ¡Sí claaaaro! Ya está que íbamos a meter en el carro a  ese cuarteto del mal.  

Para finalizar, sin ánimos de ofender a nadie, me parece tontísimo, asqueroso, vacío y poco divertido pagar por sexo. ¡Por favor! ¿En un país como Venezuela que está repleto de beldades para todos los gustos vas a pagar por SEXO? ¡Bah! Asumo que los shows son de alto nivel,  no hubo nada pornográfico y grotesco como “las escupe hielo” y cosas por el estilo.

No obstante, JAMÁS cambiaría a mi flaca María Victoria por 100 de estas bailarinas con los senos perfectos y trasero de espanto.  ¡Qué ternura!