martes, 28 de diciembre de 2010

¡Jodido Día de los Inocentes!

28 de diciembre de 2009. Día de los Santos Inocentes. Uno de mis mejores amigos, que sin duda es la esperanza de la humanidad por su alto nivel de bondad, estacionó su camioneta al frente de su edificio en una reconocida zona de clase media de la ciudad capital. El joven se disponía a dejar algo en su casa para luego continuar en su recorrido por Caracas. En menos de 15 minutos, sin exagerar, mi amigo volvió y su vehículo ya no estaba.Un señor muy simpático lo pidió prestado y jamás lo regresó.



Lo curioso del asunto es que cuando el agraviado empezó a divulgar la tragedia por las redes sociales, con la ilusión de que algún conocido haya visto su preciada camioneta, nadie le creyó del todo por esto del Día de los Inocentes. Confieso que tuve mis dudas, pero, al ser una persona seria y responsable el autor del mensaje, terminé por comprender que la situación no se trataba de una broma de mal gusto.

Antes de enterarme de la tragedia anteriormente expuesta,  yo me dediqué a crear polémica publicando esta simple y tonta sentencia en mi perfil de Facebook: “¡Mi amor, ya somos tres! ¡Te amo!”. Mi tía Eulalia estuvo dos meses hospitalizada porque el siempre correcto, y muy casto, de Luis Enrique había metido la pata con esa muchachita mentecata, mis primos de Suecia llamaron a mi mamá y a la pobre se le subió la tensión, mi papá no paró de beber y se puso a sacar cuentas, mis abuelos estaban por salir de sus sarcófagos para darme una cátedra de métodos anticonceptivos. ¡Fue muy arrecha la vaina!

El clímax del asunto llegó cuando mi arrejunte de turno me preguntó si había tenido algún encuentro fortuito, véase sexo salvaje sin protección, con mi muy agraciada y temida exnovia. Lo peor del caso es que dudé, me llené de pánico e inclusive empecé a creerme que en verdad me convertiría en todo un flamante padre. ¿Me imaginan de papá? ¡Qué belleza vale! 

Luego de varias horas de reflexión exhaustiva, al final no me quedó de otra  que revelar la verdad y excusarme por el terrible daño causado a mis cercanos. ¡Soy culpable! ¡Merezco la muerte!


Hoy, sin ánimos de emular la incomparable pérdida que sufrió mi amigo, me tocó divulgar a través de las redes sociales que muy amablemente les regalé a unos muchachos muy educados mi BlackBerry recién comprado, mi cartera, mis tarjetas y 300 Bs.F en efectivo. Ellos me lo pidieron y yo, siempre tan generoso, se los entregué sin vacilar. ¡Mi espíritu navideño no tiene límites!
No sé, quizás el regalo obligado que hice en pleno Día de los Inocentes tenga que ver con mis malas acciones del año pasado. Acaso, ¿será mi tía Eulalia la que me robó el teléfono? ¡La venganza es un plato que se come frío!
 

4 comentarios:

Ay mi Lu, ojalá fuera broma de inocentes =/ Lo más triste es que, de pana, cuando te hice el comment en FB estaba convencida de que, efectivamente, era una joda =/

Di: ¡nada de eso! Yo soy una persona seria y responsable. Yo simplemente tenía unas ganas locas de perder 4 millones de bolívares y le regalé mi teléfono a la primera persona que me sacara una pistola. ¡Así es la Navidad!

...
Gajes. Mal día para ser tomado en serio. Pobre amigo.

jajaja... casi te toca casarte a juro.

Tú molesto por lo material y nosotros felices porque no te hicieron nada...

¡Nos leemos!

Terepa: sabes que estoy haciendo un experimento... Me he ganado el odio de muchos pero ha valido la pena... ¡Llevo un mes sin celular! Y, lo mejor del caso, he sobrevivido... ¿Debería comprarme uno? ¡Todavía no quiero que cierta persona me pueda localizar!