28 de diciembre de 2009. Día de los Santos Inocentes. Uno de mis mejores amigos, que sin duda es la esperanza de la humanidad por su alto nivel de bondad, estacionó su camioneta al frente de su edificio en una reconocida zona de clase media de la ciudad capital. El joven se disponía a dejar algo en su casa para luego continuar en su recorrido por Caracas. En menos de 15 minutos, sin exagerar, mi amigo volvió y su vehículo ya no estaba.Un señor muy simpático lo pidió prestado y jamás lo regresó.








