jueves 7 de abril de 2011

¡El ataque de la mente gordita!

¡Estoy preocupado! Esto de darse la buena vida definitivamente engorda, pareciera que el hábito de comer como un degenerado se está consolidando con el paso del tiempo. No sé si mis nuevos placeres gastronómicos tengan que ver con la inminente llegada de la tercera década o con la considerable mejora de mis finanzas, pero si sigo en este plan muy pronto moriré de una terrible sobredosis de alimentos... ¡Una muerte digna de un magnate como yo!


Luego de acostumbrarte a comer en la calle todos los días es prácticamente imposible detenerse: te paseas de restaurant en restaurant sin importar el precio y empiezas a creerte una suerte de gourmet urbano. Los mesoneros te saludan con cariño y respeto sumarial esperando una jugosa propina y los chefs se te acercan para preguntarte qué tal se sintió tu paladar con semejante manjar. ¡No puedo conmigo y mi ridiculez!

En los restaurantes uno siempre conoce personalidades importantes, gente de mundo y con bolsillos holgados, políticos de la cuarta, escritores que te hablan de literatura maldita cuando les brindas un whisky, solteronas millonarias que te miran con ganas de proponerte una noche de lujuria y pasión. En general es divertido…   

El clímax del asunto es cuando te gritan: "¡Medina!..." ¡Oh! Siento que me caen 150 años de un solo carajazo. A estos tipos se les olvida que soy un pobre infante de 26 cuando se ponen a hablar de los tiempos de la Venezuela próspera y de Rómulo Betancourt y compañía. ¡Por favor! Yo soy de la generación del Viernes Negro para acá. Es decir, de la decadencia...

Me terminé de preocupar cuando empecé a considerar celebrar mi cumpleaños en La Estancia, Tarzilandia o en el Maute Grill. ¿Qué está pasando?, ¿formo parte de esta élite ridícula antes de tiempo?, ¿habré sustituido de una vez y para siempre a la fiel Solera Verde por el sobrio whisky Buchanan's? ¡No puede ser!

Intentando subsanar mi envejecimiento prematuro, ayer me reuní con unos amigos de toda la vida y fuimos a comer hamburguesas de perrero. ¡Eso sí es vida!

Por cierto, ¿sugerencias para celebrar mi cumpleaños?