domingo, 4 de septiembre de 2011

Guía práctica para sobrevivir a las psicopatologías femeninas

Compartir el día a día con una cuaima no es nada fácil. Pero, sin duda alguna, con un poco de paciencia y buena actitud puede llegar a ser algo realmente maravilloso. Yo, en lo particular, no entro en el grupo de pendejos que las prefieren brutas o sumisas. Al contrario, me parece que no existe nada más atractivo que una mujer con pantalones, con carácter y con el criterio suficiente como para contradecirme hasta sacarme la piedra. Las tontas son aburridas.


No es que sea un maestro gurú en el tema o un especialista en seducción, al contrario. Sin embargo, me he llevado bastantes golpes y he aprendido más o menos cómo se debe tratar a las mujeres que pecan por ser una suerte de montaña rusa emocional. Profundicemos al respecto:

  • Ella siempre tiene la razón, punto. No se moleste en dar explicaciones, en demostrar que usted es inocente o que ella está completamente equivocada. Baje la cabeza y sonría. Compréndala, la progesterona la está traicionando y fue demasiado tentador pagar los platos rotos con usted.  
  • Si no tiene nada halagador que decir mejor no diga nada. Ahora bien, el silencio también puede ser peligroso y es muy probable que la chica le aborde con el típico: ¿en qué estás pensando? Nota: no se le ocurra responder lo que realmente está pensando. Algunas respuestas efectivas: ¿quieres comer algo rico?, ¿te sirvo un trago?, ¿vemos una película? Voy a salir, ¿te traigo algo? 
  • Trátela como una diosa aunque tenga ganas de matarla. Acéptelo, usted la quiere con hormonas y todo. Además, a ella se le pasará eventualmente la loquetera y a usted sus instintos psicópatas.
  • Hágase un favor: no pierda el tiempo tratando de comprender el comportamiento volátil de su dama. Déjela quietecita y limítese a cumplir sus requerimientos. Aunque esté insoportable debe seguir siendo su reina, punto.
  • No se ponga belicoso, gracias. Si ella tiene ganas de pelear no le de el gusto de seguirle el juego. Baje la cabeza y sonría.
  • No la atosigue con preguntas estúpidas como: ¿te pasa algo? ¿Qué te pasa conmigo? ¿Por qué me tratas así? ¿Estás molesta? ¡Sea serio!
  • No se ponga intenso y dele su espacio. El hecho de que ella quiera estar sola sumergida en su propio odio no significa que no lo quiera. Sea hombrecito, no se ponga dramático.
  • Si todo lo anterior no sirve de nada y ya está considerando llamar a un exorcista para sacarle el demonio a esa mujer, no pierda la calma. Respire y simplemente ignórela hasta que ella le de señales de que volvió a su estado natural. ¡Paciencia!
  • ¿Le dio por ponerse parlanchina y ofensiva? ¡Silencio! No se comporte como un idiota y dele el sí del loco: "Sí mi vida, sí... Te quiero mucho, estás bellísima". Es lo mejor, ¿no?
  • ¿Está a punto de estallar? ¿Está desesperado? ¿No sabe qué hacer? ¿Está considerando el suicidio? ¡Tranquilícese! Baje la cabeza y sonría.

¿Quién dijo que las cosas buenas son sencillas? Deje de perder el tiempo leyendo este tipo de estupideses y ande a consentir a su cuaima.  




3 comentarios:

jajaja muy bueno xD, me siento particularmente identificado con eso de "Sea hombrecito, no se ponga dramático. "

Murdocke: ¿es posible no ponerse dramático? ¡La mujer es la base de toda complicación masculina! Eso sí... También de toda alegría. Gracias por leerme. ¡Un fuerte abrazo!

jajajajajajajaja ay monster!!! Siempre me haces reír con tus escritos... locos... pero muuuuy ciertos!!! Baja la cabeza y sonríe papá!!! Excelente, como siempre! Sigue así!