Pasé seis días con una cefalea muy fuerte, casi insoportable. Tanto así, que decidí ir al médico para que me revisara la testa porque estaba a punto de atentar contra mi integridad, ya sea por una sobredosis de pastillas o porque iba a terminar dándome un martillazo en la cabeza.
Ir al doctor es bien, la gran mayoría de las veces te cobra 400 bolívares o más para decirte dos o tres pendejadas que te quitan la paranoia o la hipocondría. En fin, para hacerles corto el cuento, el especialista me examinó y después me hizo una sola y definitiva pregunta: “¿has bebido mucho?” Yo le contesté mirando al piso: “ehm… Más o menos, pero hace seis días decidí alejarme del alcohol por tiempo indefinido. Es más, no me tomé ni un trago el 31”. El tipo, de unos ochenta años más o menos, soltó una carcajada maquiavélica y me contestó de forma tajante y maldita: “¡tienes síndrome de abstinencia! ¡Ejercicios aeróbicos y mucha agua!” ¿Qué tal?
El 31 de diciembre lo pasé muy tranquilo, en familia. Sinceramente, tenía muchísimo tiempo sin pasarla tan bien. Después del cañonazo recibí muchísimas invitaciones pero lo único que me provocaba era dormir. Sí, dormir, literalmente. Así qué, apelando a la antipatía que solía caracterizarme, apagué los celulares y me acosté, punto. Eran más o menos la 1 de la mañana.
Fue rarísimo no dormir hasta tarde el primero de enero, casi tan extraño como despertar sin ningún tipo de resaca. Espero que mi tranquilo comienzo de año sea una buena señal. Por cierto, ¿cómo la pasaron? ¿Mucha rumba y guaguancó?
No sé si sea la falta de alcohol, la depresión por los cambios abruptos en mi vida personal o el resultado de los excesos gastronómicos decembrinos; pero últimamente he percibido fuertes vibraciones de los planos de luz que me indican que es muy probable que los extraterrestres de Antares IV vengan por mí el 21 de diciembre de este naciente 2012. Por consiguiente, empecé a organizar mis ideas para dejar mis asuntos pendientes.
12 cosas frívolas que tengo que hacer antes del 21 de diciembre de 2012
Declararle mi amor en público a Rocío Higuera. No puedo evitar gritar que la amo cada vez que la veo en Sábado en la Noche por Globovisión. He tenido problemas en mis relaciones por este sentimiento que me inspira la talentosa periodista. Entonces, antes de que sea de abducido de nuevo, buscaré la manera de declararle mi amor de la manera más exhibicionista, exagerada y rimbombante. Cabe destacar que es la primera vez que escribo la palabra rimbombante. ¡Qué éxito!
Tomarme una foto para mi perfil de Facebook en la Torre Eiffel. Pantallero que se respete debe tener a juro y porque sí una jodida fotografía con la puta estructura de fondo. ¿Photoshop? Ustedes saben, sería excelente crear cientos de miles álbumes con títulos tales como:
• De shopping en Miami.
• Nueva Machito (gracias dad, TQM.).
• Cumple de mi gorda en Las Vegas. ¡Más fino!
Ir a una playa nudista. Quizás ésta sea la menos frívola de todas. No tengo ningún problema en modelar mis vergüenzas en una playa recóndita. Al contrario, podría ser divertido estar en un lugar donde todo el mundo evita mirarse los genitales por miedo a quedar como un grandísimo sádico. Sin embargo, acepto que temo sufrir una suerte de insolación pornográfica. Me imagino la cara del farmaceuta cuando le pida un protector solar testicular. ¡Glorioso! ¡Ya va! ¿Eso existe?
Pararme en una calle y regalarle teléfonos BlackBerry a los motorizados. ¿Se imaginan la cara de felicidad de estos nada molestos seres cuando puedan obtener su teléfono inteligente sin necesidad de arrebatárselo a una típica estudiante de la Universidad Metropolitana? Me pondré un cartel típico de los profetas que anuncian el fin del mundo y listo. Fácil de entender, nada de trámites, nada de firmas y todos felices.
![]() |
| Coelho supo capitalizar la estupidez de la gente |
Publicar un libro de autoayuda o de literatura barata sólo por molestar a los profesores de mi Escuela. Sería algo tan placentero hacerme incluso más millonario de esta manera tan banal. Manipular las mentes débiles con palabras tontas y bonitas es una de mis especialidades. Algunos títulos posibles:
• ¡Yo te devuelvo tu queso!
• ¡De perrero a gerente!
• ¡Hazte millonario en 15 minutos!
• ¡Sé gente chévere como yo!
• ¡Bájale dos y consigue un polvo!
Conseguirme una novia bobalicona de 19 años. Después de compartir con mujeres inteligentes es muy probable que me aburra en menos de dos semanas. ¡Pero eso es lo que necesito! ¡Aburrirme un poco! No quiero intensidades, no quiero conversaciones filosóficas, no quiero buscarle siete patas al gato. Al contrario, estoy buscando una relación superficial y sin altas dosis de adrenalina. ¡Qué engañado soy! ¡Vivan las intensas! ¡Vivas las intelectuales! ¡Vivan las complicadas!
Comprarme un Mustang del año 1967. ¿Se imaginan a este humilde escritor acontecido manejando esa nave por las calles de Caracas? ¡Mágico! Además, necesito un vehículo representativo para sacar a pasear a mi Rocío. La machito la dejaré nada más para pantallar en Facebook. ¡Hay que ser serios en esta vida!
Gastarme unos cuantos millones yéndome de fiesta con las gochas. Creo que estoy enamorado secretamente de Anita, Marián es mi querida ahijada con nombres múltiples y Federica es la típica amiga que invitarías a una fiesta solo para quedarte en una esquina burlándote del resto de los invitados. Amor digital del bueno.
Romper esas vitrinas gigantes que están repletas de pelotas de tenis. ¿El Mustang servirá para eso?
Lanzar billetes de 100 por el balcón de mi casa. Sería una maravilla ver a las viejas ridículas de la urbanización recogiendo del piso el producto de mi benevolencia. El dinero no sirve para nada y en mi caso, que tengo mucho más del que puedo gastar, ¿por qué no lanzarlo por la ventana simplemente por llamar la atención?
Comprarme una caja de whisky 18 años solo para lanzarla contra el piso al frente de los borrachos que se la pasan cerca de mi casa. ¿Lamerían el piso? ¿Quizás los trozos de vidrio? Esto sería un acto muy budista, por eso de no tener ningún tipo de apego y afines. ¿No? Aunque, pensándolo bien, sería una acción de rebeldía de mi etapa de adulto contemporáneo: ¡si ya no bebo pues nadie bebe! ¿OK?
Ir al restaurante más caro de la ciudad en cholas y en pijama. ¿Me dejarían entrar si le mojo la mano al portero? ¡Bah! Pediría lo más caro nada más para hacer ruido y ver la cara de asco de los mesoneros y de la oligarquía presente. ¿Alguna chica quiere venir conmigo?













2 comentarios:
¿Y no te vas a casar conmigo antes del fin del mundo?
Vicky: Ehm... ¡Deja las drogas!
Publicar un comentario en la entrada