lunes, 6 de febrero de 2012

Caracas 2070



Caracas, linda Caracas. ¡Cómo te extrañaba!

Llevo semanas soñando con los paseos en góndola por mi querido Guaire, caminar por el siempre cómplice Parque de la Unidad a las orillas del río y comerme una siempre resuelta “reina pepiada” en uno de sus tantos quiosquitos. En ese lugar, repleto de magia y de verde, fue que le pedí matrimonio a mi Mariana hace ya tanto tiempo. Mi conexión con esa rivera va más allá de lo explicable.

El icónico Parque de la Unidad lo terminaron en 2018, un poco después de que declararon las aguas de la antigua cloaca como químicamente puras. ¡Las plantas de tratamiento son impresionantes! Por ahí se ven de vez en cuando a los ingleses, franceses, alemanes y hasta a los japoneses investigando sobre el proceso de purificación inventando por venezolanos. ¡Es una maravilla!

Gracias a las lanchitas, los cronistas internacionales bautizaron a Caracas como “La Nueva Venecia”. Aunque a nosotros los capitalinos, siempre de engreídos, nos molesta un poco esa terrible comparación. ¡Ya quisiera Venecia parecerse a nuestro terruño!

También, añoro montar bicicleta por el circuito del Parque Metropolitano “Simón Bolívar”: un verdadero edén conformado por el antiguo Parque del Este y lo que solía ser el aeropuerto de La Carlota. La envergadura de ese jardín es tal que cuando entras se te olvida por completo que estás dentro de una ciudad tan imponente. Sin embargo, sin ánimos de dejar en segundo plano a la naturaleza, lo que más me gusta del complejo es el hermoso puente peatonal que atraviesa la autopista – para comunicar ambas partes del recinto – y tiene grabado en letras doradas “Santiago de León de Caracas”.

En fin, llegué a Caracas. Apenas pisé el Aeropuerto Internacional de los Valles del Tuy no pude evitar romper el llanto. En menos de 15 minutos terminé todos los trámites burocráticos y al rato ya estaba abordando el tren de alta velocidad que me llevó a mi ciudad natal más rápido que inmediatamente. Ya en la urbe, aproveché para comprar unas cosas para mis viejos en el inmenso terminal de La Rinconada y ahí mismo aproveché para alquilar un carro. No aguanté la tentación de la manejar por las peculiares autopistas caraqueñas.

Es extraño, a veces me parece que las vías son demasiado bastas para el parque automotor. De La Rinconada agarré por la Circunvalación del Sur y en diez minutos ya estaba en El Cafetal. ¡Circular por Caracas es tan sencillo!

Ahora bien, aunque manejar es uno de mis placeres culposos, los guías turísticos recomiendan moverse a pie por la metrópolis. En 2022 cerraron el paso vehicular por el casco histórico de Chacao, Baruta y El Hatillo y en 2025 se terminó el proyecto que convirtió a la Sultana del Ávila en un boulevard inmenso. Además, el Sistema Metropolitano de Transporte (SMT) funciona de maravilla y, si queremos movernos un poco más rápido, el Metro de Caracas es tan eficiente que nos permite perfectamente desayunar en Caracas, merendar a media mañana en Los Teques y almorzar en la ciudad de Maracay sin ningún problema.

Por fin, después de tanto esfuerzo, Caracas es la sucursal del cielo… El centro es una tacita de plata. Da gusto moverse por esas calles empedradas repletas de turistas de todas las nacionalidades. Hay tantas opciones para el esparcimiento que hasta para los baquianos es difícil decidirse. Por ejemplo, la antigua sede de la Asamblea Nacional se convirtió en el Museo Histórico Nacional, el Palacio de Miraflores en el Museo de Arte Iberoamericano, en la Plaza Bolívar hay espectáculos para todos los gustos y en el parque El Calvario la realización de matrimonios es cada vez más común.

El clímax de estos cambios fue el 17 de diciembre de 2030 cuando la Unesco declaró como Patrimonio Cultural de la Humanidad a la Casa Natal del Libertador. La fiesta cubrió todo el Paseo Francisco de Miranda: un complejo que abarca desde el casco histórico, pasa por el parque de Los Caobos, la Plaza Venezuela y culmina después del Boulevard de Sabana Grande. Los fuegos artificiales Made in Venezuela cubrieron el cielo de amarillo, azul y rojo.

El Paseo Francisco de Miranda es una parada obligatoria cuando se visita Caracas. Centros nocturnos por excelencia, casinos, restaurantes, tiendas por departamentos para todos los bolsillos, espectáculos al aire libre, fuentes, panaderías y pastelerías. ¡Todo abierto las 24 horas! Para salvaguardar a los que frecuentan el emblemático lugar está la Policía Montada. Estos caballeros le dan un toque especial al bellísimo espacio y hacen alucinar a los turistas con sus caballos elegantísimos.

A mitad de camino, en la antigua Zona Rental, se ubica la Gran Plaza Central, corazón comercial y cívico de la ciudad. En este espacio confluye el Centro de Convenciones Sudamericano, el nuevo hotel Hilton Caracas y la modernísima Ciudad Comercial. No obstante, lo mejor del asunto es que los terrenos pertenecen a la Universidad Central de Venezuela y, gracias a las regalías por su alquiler, la Casa que vence la sombra tiene unas instalaciones que son envidiadas por las instituciones académicas más importantes del planeta, los departamentos de investigación más destacados de Iberoamérica y, por mucho, el hospital más importante de todo el hemisferio.

Irónicamente, aunque la UCV es reconocida por ser la forjadora del saber por excelencia, una de las mayores fuentes de ingreso son las visitas guiadas por la Ciudad Universitaria “Carlos Raúl Villanueva”. Sin duda alguna, el turismo es el petróleo de los nuevos tiempos. El “Carlos Raúl Villanueva” se le agregó al nombre de las instalaciones luego de la restauración radical que culminó en 2021. Ya no existen los galpones temporales y todas las Escuelas tienen sede propia.

¿Se nota demasiado que estoy enamorado de mi Caracas? Confieso que me deprimí por unos días cuando en 2040 se mudó la capital a Ciudad Federal. El nuevo poblado está ubicado en el valle del río Caura, estado Bolívar y fue planificada para ser una urbe gubernamental rodeada de tres ciudades satélites: Ciudad Libertad, Nueva Venezuela y Ciudad del Sur. Gracias a este magno proyecto, los barrios marginales de Caracas son cosa del pasado y apenas supera los tres millones de habitantes. Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y Ciudad Guayana son considerablemente más pobladas.


Sin embargo, a pesar de haber perdido el calificativo de ser la más populosa, la Sultana del Ávila es reconocida como la tercera metrópoli con mejor calidad de vida del globo, la segunda en servicios públicos, la del mejor sistema de transporte, la tercera más segura y, como desde costumbre, el lugar de las mujeres más bellas.

“Estar en Caracas es trasladarse al mundo de los sueños”. Esas fueron las palabras de John Donaldson, comentarista estrella de la cadena ESPN, con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos Caracas 2040. Se me eriza la piel cuando veo los videos de las 90 mil almas presentes en el Estadio Monumental “Generación 2014” que no paraban de repetir: ¡Venezuela, Venezuela, Venezuela! Los ciclistas recorriendo las calles caraqueñas, los eventos de vela en las playas de La Guaira, las raquetas golpeando en el Centro Nacional de Tenis de Petare. ¡Estos juegos serán recordados por la eternidad!

De lejos, lo más emocionante fue cuando el venezolanísimo Francisco “Panchito” Hernández ganó la medalla de oro en el maratón. ¡Dios mío! Los espectadores presentes en el ya centenario Olímpico de la UCV perdieron la voz con el cántico: “¡Panchito, amigo el pueblo está contigo!” ¡Los kenianos no lo podían creer!

No sé. Me siento triste por tener que regresarme a París para volver a mi rutina como empleado de la sede europea de la Corporación Venezolana de Turismo. ¡Quiero que me trasladen a Caracas! ¡No aguanto los inviernos en Francia!

Pero en fin, cada vez que me despido para marcharme lejos, no puedo evitar agradecerle la generación de mis abuelos por haberse alzado contra la dictadura de principios de siglo y luego ponerse a trabajar como hormiguitas para colocar a Venezuela en el lugar que se merece. ¡Tienen ganado el cielo!

Por cierto, el abuelo Luis siempre me cuenta que lo metieron preso en sus tiempos de estudiante y que pasó un pocotón de tiempo presentándose en los Tribunales. ¡Ya está viejo! ¡Siempre inventando pendejadas!