lunes, 20 de febrero de 2012

¡Epa tú! ¿Quieres ser mi novia?


Hace un tiempo, mientras cubría una de las tantas ferias del libro que se han hecho en la Plaza Francia de Altamira, escuché por error una conversación entre lo que parecía ser una pareja de tukis. Tenía mis dudas, mis conocimientos en zoología sin duda son muy limitados. 


El joven, de unos veintitantos, se le notaba un poco indiferente ante los embistes amorosos de la chica. A la muchacha, apenas mayor de edad, no le quedó de otra que abordar a su macho de una manera poco sutil diciéndole:¡Yo gusto tuyo! ¿Tú gustas mío?” El tipo le contesto en el acto: “¡Sí amol! ¡También yo gusto tuyo!” 

Estuve a punto de sacar la cámara y hacerle una entrevista a estos especímenes, mis pupilas se dilataron y mi corazón palpitó más fuerte de lo normal ante semejante variación sociolectal. Es que es casi imposible perder la capacidad de asombro en este país repleto de situaciones absurdas. ¿Estos amantes merecen seguir viviendo? ¡Mis oídos no han parado de sangrar desde ese jodido día por culpa de estos aberrados lingüísticos! 

En fin, más allá de las ganas de vomitar, asumo que este suceso me conmovió y me removió muchos recuerdos de mi lejana juventud. Por ejemplo, uno de los días más difíciles de mi vida fue cuando le pedí a mi primera noviecita legalizar el asunto. ¡Todavía me acuerdo al pelo! 

Mis amigos - que todavía siguen siendo mis amigos - buscaron la manera de dejarnos a solas y bueno, la siempre implacable timidez hizo de las suyas. Las manos me sudaban como a un maldito cerdo, me bajó la tensión y no tenía la más mínima idea de qué decirle para no parecer un pobre y triste idiota. Lo peor del asunto es que estaba plenamente convencido de que ella me daría el sí. En fin, para hacerles corto el cuento, luego de divagar por un tiempo indeterminado le dije textualmente a la implicada: “¿Entonces? ¿Tú sabes, no?” La chica murió de la risa y se acercó lo suficiente como para que mi lentitud y yo entendiéramos que teníamos luz verde para besarla… ¡No me juzguen! ¡No se burlen! ¡No me destruyan! Era muy joven y todavía no había desarrollado ni un poquito mi instinto letrado y maquiavélico. 

Años más tarde, más bien muchos años más tarde, llevaba unos meses saliendo con alguien y ese alguien parece que se obstinó de eso de la falta del título. Un día cualquiera, cuando ya trabajaba con la gente del Santander, me llegó un correo electrónico cuyo asunto decía: “Fulana de tal dice que ustedes tienen una relación”. ¡Mi madre! Todo el departamento se acercó a mi oficina debido al grito que pegué… Obviamente no me quedó de otra que aceptar porque la chica realmente me importaba. 

Pero el cuento no termina allí. Dos o tres días más tarde, la joven y yo estábamos en un restaurant con un grupo de amigos. Todo iba bastante normal hasta que me dijo al oído: “¿Cómo está mi novio por Facebook? Pero, ¿tú eres nada más mi novio por Facebook?” Toda mi vida pasó por mi mente en cinco segundos, pensé en 357 maneras posibles para salir airoso ante la presión, sentía que todos los presentes me estaban mirando y esperando el veredicto. Pero esta vez sí supe actuar de forma correcta, a pesar de que se notaba a leguas mi expresión desencajada, y le contesté muy conforme: “¡Ya va! ¿Me estás pidiendo el empate? ¡Qué éxito! ¡Una mujer me pidió el empate! Yo soy tu novio en todas partes, cariño”. 

Con la última chica con la que tuve que ver la cuestión fue mucho más álgida. La muchacha me abordó muy tiernamente: “¡Luis! Una pregunta… ¿Qué carajo es lo que tú piensas hacer conmigo?” A mis 27 años me quedé exactamente igual que cuando tenía 13, con mi primera noviecita. Sin embargo, con la madurez la sensatez entra en escena y ayuda un poco con la timidez y le contesté mientras la abrazaba por la cintura: “¡Oh! ¿Y de pana quieres la respuesta? Ella sonrió y todo bien… 

Pues sí, se supone que en la universidad me enseñaron la ciencia y el arte de lo que vulgarmente llaman labia. Pero no, eso de manipular con las palabras funciona muy bien cuando no te interesa un bledo la persona o grupo de personas al cuál te estás dirigiendo, cuando sucede lo contrario no hay poesía ni gramática que valga. Se te van las palabras y los tiempos y quedas como el propio bolsa… 

Por cierto, ¿se nota demasiado que le tengo pánico al compromiso? ¡Hombre casado no puede luchar por la justicia! Eso dicen… 


2 comentarios:

BUENO, la verdad es que tienes un problem GRAVE! gravísimo!
Yo recuerdo que alguno de mis primeros novios me dió a entender que eramos noviecitos con una frase similiar a esa de "tú sabes, no?"
Patético.

Tienes que mejorar jaja

Ana María: ¡Era joven! Tenía como 13 años jajajajajajajajajaja... Con el tiempo he mejorado bastante. Aunque la timidez siempre complica las cosas, no creas. ¡Sufro!